Por Adriana Lozano Vargas · Coordinadora de Salud
Hipertensión, diabetes y obesidad son las tres puertas de entrada a la enfermedad renal crónica en México. Detectar a tiempo cualquiera de estas tres condiciones marca la diferencia entre un riñón que se conserva y uno que termina dependiendo de diálisis o trasplante.
El Hospital Juárez de México advirtió que las enfermedades renales se pueden reducir hasta en 80 % con medidas de prevención simples y al alcance de cualquier paciente, en una llamada de atención pública orientada a desactivar lo que la Secretaría de Salud federal ha definido como una de las primeras causas de muerte en el país.
El llamado del hospital de alta especialidad surge en el marco de campañas nacionales contra enfermedades crónicas no transmisibles. México se ubica entre los países con mayor incidencia de insuficiencia renal crónica del mundo, ligada directamente al avance de la diabetes mellitus tipo 2 y a una hipertensión arterial mal controlada. La Secretaría de Salud federal documenta que la enfermedad renal crónica figura entre las diez primeras causas de fallecimiento, con un sistema público que tiene saturadas sus unidades de diálisis y hemodiálisis.
Por qué fallan los riñones
El riñón cumple funciones que ningún otro órgano del cuerpo replica con la misma eficiencia. Filtra residuos del metabolismo, regula la presión arterial, controla el equilibrio de electrolitos y participa en la producción de glóbulos rojos. Cuando se deteriora, se acumulan toxinas en la sangre, sube la presión, aparecen edemas y se pierde mineralización ósea. El proceso suele ser silencioso: muchos pacientes descubren que tienen daño renal cuando han perdido más del 50 % de la función.
Las dos causas principales en México son la diabetes mellitus mal controlada y la hipertensión arterial. A esas dos se suman factores agravantes: obesidad, consumo crónico de antiinflamatorios sin prescripción, ingesta insuficiente de agua, dietas ultraprocesadas, alcoholismo y antecedentes familiares de litiasis renal.
- Orina espumosa, oscura o con sangre.
- Hinchazón en pies, tobillos o párpados al despertar.
- Fatiga inexplicable y debilidad muscular.
- Picazón constante en la piel sin causa dermatológica.
- Aumento de la presión arterial pese al tratamiento.
La detección temprana cambia el desenlace
Una prueba sencilla de laboratorio puede anticipar problemas con años de ventaja. El examen de creatinina sérica, complementado con el cálculo de la tasa de filtración glomerular y un examen general de orina, ofrece una fotografía confiable de la función renal. Estos estudios están disponibles en las unidades de primer nivel del IMSS, ISSSTE e IMSS-Bienestar, y forman parte de los chequeos preventivos para personas mayores de 40 años o con diabetes, hipertensión u obesidad.
El Hospital Juárez de México es uno de los centros de referencia nacional para nefrología, con servicio de hemodiálisis, diálisis peritoneal y programa activo de trasplante renal. La institución forma parte de la red de hospitales federales de alta especialidad coordinada por la Comisión Coordinadora de Institutos Nacionales de Salud y Hospitales de Alta Especialidad (CCINSHAE), según la estructura institucional de la Secretaría de Salud.
Las medidas que sí funcionan
El protocolo de prevención se sostiene en cinco pilares prácticos. El primero es el control estricto de la presión arterial: mantenerla por debajo de 130/80 mmHg reduce de forma sustancial el riesgo de nefropatía. El segundo es el manejo de la glucosa para personas con diabetes, idealmente con hemoglobina glucosilada por debajo de 7 %.
El tercer pilar es la actividad física regular, mínimo 150 minutos por semana de ejercicio aeróbico moderado según recomendación de la Organización Mundial de la Salud (OMS), refrendada por la Secretaría de Salud federal. El cuarto consiste en una alimentación baja en sodio, sin exceso de proteínas animales y rica en frutas, verduras y leguminosas. El quinto es la hidratación adecuada: entre 1.5 y 2 litros de agua simple al día para una persona adulta sana, salvo restricciones médicas.
Mitos que dañan a los riñones
Especialistas en nefrología federal insisten en desmontar prácticas comunes que el público considera inofensivas. El consumo crónico de antiinflamatorios no esteroideos como ibuprofeno, ketorolaco o diclofenaco sin prescripción médica está entre las causas evitables más frecuentes de daño renal agudo en México. Los suplementos hérbales «para limpiar el riñón» no tienen evidencia científica que respalde su uso y, en algunos casos, contienen contaminantes nefrotóxicos.
El consumo de bebidas azucaradas también contribuye al deterioro renal porque alimenta la diabetes, la obesidad y la hipertensión. México es uno de los países con mayor consumo per cápita de refrescos del mundo, dato que se cruza con la alta prevalencia de enfermedad renal crónica.
El reto del sistema público
El tratamiento sustitutivo de la función renal —diálisis peritoneal, hemodiálisis y trasplante— representa una de las erogaciones más onerosas para el sistema público mexicano. Cada paciente en hemodiálisis crónica genera costos por cientos de miles de pesos anuales en el IMSS, ISSSTE e IMSS-Bienestar. Por eso la prevención y la detección temprana figuran como prioridades de política pública.
El programa de trasplante renal en México es uno de los más activos de América Latina, pero la demanda supera ampliamente la oferta de órganos. La Secretaría de Salud federal reportó que durante 2025 se realizaron 6 mil 522 trasplantes en total en el sistema nacional, cifra que muestra avance pero que sigue lejos de cubrir la lista nacional de espera por insuficiencia renal crónica. La donación cadavérica y de vivos compatibles sigue siendo la única salida real para quienes alcanzan la fase terminal.
Dónde acudir si hay sospecha
Toda persona con diabetes, hipertensión, antecedentes familiares de insuficiencia renal o alguna de las cinco señales de alarma listadas puede solicitar valoración en su unidad de medicina familiar del IMSS, en clínicas del ISSSTE o en el Centro de Salud más cercano del IMSS-Bienestar. Para casos complejos, el Hospital Juárez de México atiende referencias formales del primer nivel y opera consulta externa de nefrología, urología y trasplantes. El mensaje del hospital es contundente: el riñón se cuida desde mucho antes de que se enferme.
